Este curso se orienta al desarrollo de competencias clínicas avanzadas para el trabajo psicoterapéutico con niños, niñas y adolescentes (NNyA), integrando una perspectiva evolutiva, vincular y sistémica profundamente informada en trauma. Desde este enfoque, se reconoce que la clínica infanto-juvenil no puede comprenderse ni abordarse de manera aislada del entramado relacional en el que el niño se encuentra inserto, siendo el sistema de cuidado —familia, referentes afectivos e instituciones— un elemento central en la organización del desarrollo y en la posibilidad de reparación.
A lo largo del curso, se propone una revisión profunda del rol del terapeuta en este campo específico, entendiendo que el trabajo con NNyA requiere habilidades diferenciadas respecto de la clínica con adultos. Se abordan competencias fundamentales como la capacidad de sintonía afectiva, la regulación emocional conjunta, la lectura de la comunicación no verbal y simbólica, y la construcción de un vínculo terapéutico que funcione como experiencia correctiva en contextos de trauma relacional.
Se profundiza en la comprensión del desarrollo infantil y adolescente desde una perspectiva integrativa, articulando aportes de la teoría del apego, la neurobiología del desarrollo, la psicología evolutiva y los modelos contemporáneos de psicotraumatología. Esto permite comprender las manifestaciones sintomáticas —conductuales, emocionales, somáticas y relacionales— como expresiones de procesos de adaptación frente a experiencias adversas, más que como conductas problemáticas en sí mismas.
El curso pone especial énfasis en el trabajo con el sistema relacional del niño, abordando estrategias de intervención con padres, cuidadores y otros actores significativos. Se analizan las competencias parentales, la capacidad de mentalización, la sensibilidad y la regulación emocional de los adultos, entendiendo que la intervención clínica efectiva en NNyA requiere, en la mayoría de los casos, un abordaje simultáneo del contexto vincular.
Asimismo, se exploran herramientas clínicas específicas como el juego terapéutico, la expresión simbólica, las intervenciones narrativas y las estrategias de regulación adaptadas al nivel evolutivo del niño o adolescente. El juego es abordado no solo como técnica, sino como lenguaje central a través del cual el niño organiza su experiencia, expresa su mundo interno y procesa vivencias traumáticas.
Desde una perspectiva transdiagnóstica, el curso permite comprender cómo el trauma temprano puede expresarse en múltiples formas clínicas —desregulación emocional, conductas disruptivas, retraimiento, dificultades vinculares, síntomas somáticos— promoviendo una formulación clínica que trascienda las categorías diagnósticas tradicionales y se centre en los procesos subyacentes.
Finalmente, se invita a una reflexión profunda sobre la posición del terapeuta en este tipo de intervenciones, incluyendo los desafíos éticos, la complejidad del trabajo interinstitucional y la necesidad de sostener una práctica clínica sensible, flexible y profundamente comprometida con el bienestar del niño y su entorno.
En coherencia con el enfoque integrativo del máster, este curso busca formar profesionales capaces de intervenir con solidez teórica, sensibilidad clínica y capacidad relacional, promoviendo procesos terapéuticos que favorezcan la regulación, la seguridad vincular y el desarrollo saludable en contextos atravesados por el trauma.